EL REGALO
Ni
siquiera quisieron ponerle un nombre al nacer para no echarla más de
menos. Duró apenas unas horas enchufada a varias máquinas que
pitaban al mismo ritmo que las lágrimas resbalaban por las
mejillas de su madre. Pese a tanto dolor, hoy su niña sigue viva en
el latir del corazón que le regalaron a Alejandro.
Qué bonito, no le hacen falta más palabras, muy bien cumplido el reto.
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