RETO 1. Escribir una historia corta acerca de dos personas que se encuentran confinadas en un espacio cerrado.
SWEET CAROLINE
Le
habían quitado todo al meterlo en la celda salvo sus bermudas
vaqueras, bastante ajadas ya, y la camiseta roja que vio tiempos
mejores y que no se cambiaba desde hacía semanas. Las botas y el
sombrero de cowboy, el escaso contenido de sus bolsillos, la armónica
y la guitarra se habían quedado fuera de la celda, a recaudo del
oficial que le había abierto la ficha policial.
No
estaba mal, pensó, 17 días en el país hasta la primera detención.
Normalmente, pasaba mucho antes.
Dave
Costello estaba acostumbrado a pasar algunas noches en celdas como en
la que se encontraba, no importaba dónde el sitio al que fuera. La
primera vez tenía sólo 17 años, fue en Amherst, en el condado de
Erie, estado de Nueva York, su pueblo natal. Le encarcelaron por una
pelea en casa en la que le rompió la nariz a su padrastro. Desde
entonces, había dado un vuelco a su vida lejos de allí, de pueblo
en pueblo, de estado en estado, de país en país... y hasta en un
continente nuevo. Abandonó su casa, a su madre y hermanos con sólo
su guitarra y 35 dólares en el bolsillo. La vida le había sonreído,
solía pensar, porque ahora estaba en Madrid y además de su guitarra
poseía una armónica que había encontrado tirada en una parada de
autobús en Canadá y un auténtico look americado gracias al
sombrero y botas que un chiflado le echó como propina en San José,
Texas.
Tocaba
la guitarra en la calle y cantaba las canciones que su padre tocada
antes que él, antes de desaparecer trece años atrás. Las tocaba y
las cantaba como si pudiera comunicarse con el niño que era cuando
su padre se fue, como si pudiera llegar a comprender porqué se había
ido y no se lo había llevado con él.
Pensaba
en su padre y tarareaba 'Sweet Caroline' apoyado en la pared de la
celda cuando se abrió la puerta y el oficial de guardia hizo pasar a
un chaval con golpes en la cara. El recién llegado le dedicó una
mirada asesina al oficial cuando éste cerraba la puerta y se fue al
lado contrario de Dave.
No
lo reconoció al principio, pero poco a poco se dio cuenta de que
conocía al chaval, que era precisamente el responsable de su
arresto.
Los
ojos del muchacho se llenaron de sorpresa al percatarse de que sí,
que el tipo que le había puesto la cara de esa facha, era el mismo
que ahora le miraba desde el suelo de la celda que parecían
obligados a compartir. El labio partido y los ojos amoratados le
dolieron entonces de golpe, con la rabia contenida que suponía estar
de nuevo frente al tipo que le había dado semejante paliza por una
pillería.
Esa
misma mañana, Dave había llegado pronto a la Plaza del Sol y había
escogido el mejor sitio para tocar su guitarra y ganarse el dinero
suficiente para seguir su ruta hacia cualquier otro lugar. Se le
había dado bien hasta que apareció el chaval con otro hombre con un
plan chapucero para robarle: uno le distraía y él otro agarraba las
ganancias. Pero Dave se había criado en un hogar lleno de violencia
y, además de a su padrastro, le había roto ya la nariz a muchos
camorristas y matones, así que claramente se habían equivocado al
escogerle como víctima.
Ante
la primera insinuación del robo que iba a producirse, Dave saltó
sobre el chaval reteníendolo y sin mucho pensarlo, le dio dos
puñetazos en la cara que le hicieron caer al suelo. Dave volvió en
sí a tiempo de dejarle ir antes de hacerle algo peor pero ya era
tarde. Mientras el chico huía tras su compinche, escapado cuando vio
que el músico no era pan comido, dos policías ya estaba sobre Dave
alertados por el altercado producido en pleno centro de Madrid.
En
la celda volvían a encontrarse y el chaval, primero sorprendido,
luego asustado, se encogió en el suelo justo al lado contrario de la
celda. No quería más problemas con el hombre.
Dave
siguió con su 'Sweet Caroline', recordando los días en los que su
padre se la cantaba y añorando un día en el que no le pegaba a
nadie puñetazos en la cara.